El consentimiento de cookies está a punto de cambiar para bien o para mal

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Deja de notarlos. Eso es lo que hace el 54 por ciento de los europeos cuando aparecen esas molestas ventanas emergentes. Simplemente presionan “Aceptar”. Otro 26 por ciento presionó “Negar”. Ninguno de ellos está pensando realmente.

Esta es la fatiga de las galletas. Auténtico cansancio.

La Comisión Europea cree que tienen la solución. Está metido en algo llamado Ómnibus Digital. ¿El plan? Centraliza todo. Un botón. Un consentimiento. Legible por máquina. Si dices que no, no te lo podrán volver a pedir hasta dentro de seis meses. Bastante sencillo sobre el papel.

Los números detrás del rumor

Bruselas está vendiendo esto como un aumento de la productividad. A lo grande.

Estiman 820 millones de euros de ahorro para las empresas. 320 millones de euros para organismos del sector público. La lógica es sencilla: dejar de construir muros de cookies para cada sitio web significa menos horas perdidas.

Pero aquí está la parte que huele a matemáticas hechas demasiado rápido.

La Comisión afirma que la productividad aumentará aproximadamente 4.980 millones de euros al año. ¿Cómo? Cuentan los segundos dedicados a hacer clic en los banners y los multiplican por miles de millones de visitas. Es un cálculo agresivo.

La productividad es una bestia engañosa, como señaló Mario Draghi.

El reciente informe de Draghi sobre la competitividad de la UE sugiere que necesitamos programas de habilidades específicas, no sólo menos clics. Si este nuevo consentimiento a nivel de navegador realmente funciona, lo veremos. Los datos mostrarán si la productividad aumenta. O simplemente se sienta ahí.

¿Quién gana realmente?

A primera vista, la transparencia suena genial. Menos complejidad para el usuario. Plazos fijos para volver a preguntar. ¿Quién puede discutir con claridad?

Los críticos ven un tono más oscuro.

Forzar el consentimiento a través del navegador crea un nuevo cuello de botella. Unos pocos actores importantes (los fabricantes de navegadores, los gigantes de los sistemas operativos) se convierten en guardianes. La Alianza Tecnológica Europea está haciendo sonar la alarma. Centralizar este poder debilita el vínculo directo entre el proveedor de servicios y el usuario. Pone las llaves en el bolsillo de otra persona.

¿Qué significa esto para las pequeñas empresas?

Les duele. Duro.

La publicidad personalizada está fuera. La publicidad contextual está de moda. Implement Consulting Group dice que los anuncios contextuales siempre son más caros. También son menos efectivos. Los especialistas en marketing digital lo odian. Las pequeñas empresas tendrán que adaptarse o morir.

El sistema actual es molesto, claro. Abarrota las pantallas. Pero cambiar la arquitectura de la publicidad online no es un proceso rápido.

¿Una forma más inteligente? Utilice las herramientas propias del RGPD. Existe interés legítimo. Ya es parte del marco.

Las directrices sobre lo que no necesita consentimiento podrían solucionar la fatiga. No es necesario un cambio masivo de infraestructura. No hay nuevos guardianes. Sólo reglas. Los claros.

Bruselas avanza hacia la complejidad para resolver la simplicidad.

Esperaremos y veremos.