Descolmillos de la espiral de ira

19

El estrés no es mi amigo. Incluso las cosas más pequeñas, como un café derramado o un turno perdido, pueden provocar una emergencia a gran escala. ¿Agregar una solicitud más a la pila? Voy a reventar una junta.

Ya conoces el sentimiento. Despierta en el lado equivocado de la cama. Entonces todo sale mal. La nube negra se acerca. Eres grosero con el barista. Te miran de reojo. Golpeas tu bolso contra el escritorio y aplastas tu lonchera. Tu pareja intenta hablar; chasqueas. Se retiran, molestos. El ciclo gira.

“Cuando estás de mal humor, se te escapa. Tu cara cambia. Tu tono se endurece. Extraes la negatividad de otras personas sin siquiera intentarlo”.

Ryan Martin lo sabe bien. Estudia la ira. Escribió un libro llamado Trucos emocionales: 50 formas de sentirse mejor. Dice que la solución no consiste en reprimir la ira. Se trata de gestionar las consecuencias. Especialmente en los días en que tu sótano se inunda y tu jefe quiere cinco cosas para el mediodía.

1. Admitir el factor malhumorado

Usamos nuestro mal humor como gafas. La lente distorsiona la realidad. Los acontecimientos neutrales parecen hostiles. Los momentos positivos se borran de la memoria. Martin llama a esto la trampa interpretativa. Ves un problema donde no lo hay. O peor aún: ignoras las cosas que realmente salieron bien.

Detener. Paso atrás. Nombra el sentimiento. Estoy pasando por un momento difícil hoy.

Reconocerlo rompe el bucle automático. Ahora puedes actuar en lugar de reaccionar. Tienes una opción.

2. Auditar las catástrofes

Nos encanta dramatizar. Un atasco no es sólo un retraso; es el preludio del despido. Tu mente se mete en los peores escenarios. A esto se le llama catastrofizar.

¿Es realista? ¿Realmente perderás tu trabajo por llegar cuatro minutos tarde? Tal vez. O tal vez no. Generalmente es lo último. Mirar alrededor. ¿Qué no salió mal? ¿Disfrutaste el desayuno? ¿Saliste a tiempo? Las pequeñas victorias cuentan. Guárdalos. Te anclan cuando el cielo cae.

3. Reclama tu agencia

El mundo se siente hostil cuando todo sale mal. Parece una conspiración de mala suerte. Te sientes impotente. Como un peón en el juego de otra persona.

Algunas cosas están fuera de tus manos. Un pinchazo es una realidad. No hay mucho que puedas hacer excepto esperar ayuda. ¿Pero otras cosas? Esos son tuyos.

Reprogramar la reunión. Dar un paseo. Llama a un amigo sólo para saludarlo. Crea distancia entre la molestia y la siguiente interacción. Separar los acontecimientos. Ocurrieron al mismo tiempo. No están conectados por ningún diseño siniestro. Sólo caos.

“Las cosas son independientes. Sólo cosas malas… suceden simultáneamente”.

Los pequeños pasos funcionan. Investigaciones recientes respaldan esto. Maneje el estrés de manera concreta y la emoción negativa disminuirá. No lleva horas. Se necesita intención. Dormir bien. Come bien. Encuentra un momento de tranquilidad.

4. Comunicar la tormenta

Aquí está la trampa. Cuando estamos estresados ​​perdemos la gracia social. Nos volvemos espinosos. Asumimos que el mundo debería adaptarse a nuestro estado de ánimo.

No anuncie que está a punto de explotar y luego exija que todos los demás limpien los escombros. Ése es un trabajo emocional injusto.

En su lugar, indique el clima. Estoy luchando hoy. Hoy ha sido horrible. Necesito un poco de paciencia.

Sencillo. Directo. Invita a la comprensión sin descargar su ansiedad sobre los demás. La gente en general es decente. ¿Si lo preguntas amablemente? Te darán gracia.

Los días malos suceden. Es parte del trato. La reacción no lo es. ¿Cómo llevas el calor? Eso depende de ti.