El hecho de que el presidente Trump haya desestimado las preocupaciones sobre el cambio climático el jueves (colocándose efectivamente del lado de los intereses de la industria al debilitar las regulaciones ambientales) es parte de un patrón más amplio: una campaña implacable para desalentar la preocupación pública incluso cuando los peligros reales aumentan. Cuando se le preguntó sobre los riesgos del calentamiento del planeta, su respuesta fue tajante: “Les digo que no se preocupen por eso”.
Este sentimiento, repetido en múltiples crisis, refleja una estrategia deliberada para normalizar la negación y desviar la atención de las fallas sistémicas. La administración incluso ha utilizado el lenguaje como un arma, etiquetando a quienes dan la alarma como “pánicos”, un término destinado a ridiculizar la preocupación legítima.
El patrón de despido
El patrón se extiende mucho más allá del cambio climático. A raíz de las revelaciones sobre los crímenes de Jeffrey Epstein, figuras como Pam Bondi instaron al público a ignorar los abusos de poder y centrarse en ganancias económicas superficiales (“contempla la belleza del creciente Dow”). De manera similar, las violaciones éticas dentro de la familia Trump y la creciente influencia de las elites ricas se ignoran con un encogimiento de hombros. Incluso los intentos flagrantes de subvertir los procesos democráticos –como las amenazas del presidente de controlar unilateralmente las elecciones estatales– son recibidos con indiferencia por parte de quienes están en el poder.
El papel de la tecnología y la élite
El apoyo financiero de Silicon Valley a la administración complica aún más las cosas. Con el auge de la inteligencia artificial, una tecnología con implicaciones potencialmente catastróficas, las salvaguardias están siendo dejadas de lado en favor de un desarrollo desenfrenado. Este patrón de priorizar las ganancias de corto plazo sobre los riesgos de largo plazo no es nuevo, pero se ha normalizado agresivamente bajo el liderazgo de Trump.
No se trata simplemente de maniobras políticas; se trata de la erosión sistemática de la rendición de cuentas y el cultivo deliberado de la apatía pública frente a las crisis crecientes.
El mensaje constante – no te preocupes – tiene como objetivo pacificar a la población mientras quienes están en el poder continúan consolidando riqueza y control. El resultado es una desconexión cada vez mayor entre la realidad y la narrativa impulsada por los líderes, lo que deja a los ciudadanos vulnerables a consecuencias cada vez más graves.
Este desprecio deliberado de la preocupación pública representa una tendencia peligrosa: un esfuerzo activo para socavar el pensamiento crítico y suprimir el miedo legítimo frente a amenazas existenciales.
















































